sábado, 27 de junio de 2009

Vida onírica

Me gustaría tenerlo a él. A aquél hombre sin más rostro que un par de ojos curiosos (por aquello de ser el espejo del alma) que se me asoma por la ventana en las noches. Vive observando gente dormir porque es el único momento en que la gente se puede apreciar, sin preocupaciones por las apariencias, sin la sonrisa perfecta, sin el vestido que llame más la atención, sin el comentario exacto. Homogéneos, durmiendo todos iguales, soñando, respirando en unísono, buscando en las cosas materiales (cama, pijama, habitación) comodidad y no estética. A Morfeo no le importa la ropa, le importa confundirte con una vivencia mental y el arte de despertarte sin distinguir la realidad del sueño. Después emerge el enigma: Morfeo, el sueño y la vivencia no vivencia por falta de ojos abiertos están dentro de tu mente, dentro de tí. Así que tu dime, ¿quién genera la confusión?, ¿quién genera la realidad? Tú, incrédulo humano sigues negando la subjetividad de la realidad, negando que los sueños sean ciertos, negando que lo cierto no lo es.
Así, en esa elaboración de surealidades, imaginaciones y existencialismos nocturnos él me observaba. Yo creo que llora por no tener rostro, llora frente al espejo, frente a la cámara, frente a la ausencia del primer beso. Coleccionador de rostros, admira a los feos, a los gordos, a los quemados, a los tuertos, a los perros, a mi madre. Admira el arte, los retratos, a las mujeres de Picasso y Botero por igual. Admira las expresiones, tanto en vida como en los colores de Munch.
La noche de ayer abrí los ojos como quien espera cachar a Santa Clauss en Navidad. Me lo encontré a el en forma de viento y unos ojos profundos, exacto. Un hombre transparente, un hombre de cuerpo intangible, imposible, pero con alma en sustancia. Uno de esos que siempre he querido tener: un hombre que me haga encontrar el tiempo en vez de hacérmelo perder, uno que me muestre el alma en vez de el billete.
Yo le envidiaba el que lo primero que la gente podía ver de él era el alma, sin adornos ni maquillaje. El me envidiaba el rostro, pensaba que es lo que te identifica, lo que hace que te llamen por tu nombre en la calle y lo que propicia al amor. Yo le expliqué que quien te identificaba por un nombre en vez de un sentimiento era un desconocido. Hay que ubicar el alma, conocerle el color, la esencia, la temperatura, la belleza intrínseca para poder conciliar amor y lo superficial era solo el amor Hollywoodiense. "Amor puro eh?" susurró satisfecho. Se envolvió el alma con la noche, cerró los ojos, cayó dormido en un profundo sueño, como el resto de los humanos. O tal vez el sueño era mío, pero eso no importa. Supongo que hay algo que une a todo humano: los sueños como esencia del alma. Conclusión del sueño no sueño: Todos tenemos un alma a pesar de que parezca que los políticos carecen de tal cualidad.
Mañana me voy del D.F, ayer estaba confundida, viendo al techo, haciendo viajes en el tiempo y pensaba en todas las veces que he cambiado de situaciones, lugares, maletas, casas. Cambios materiales me decía, hay algo que siempre se siente igual: el alma no conoce líneas fronterizas, el alma no empaca ropa, el alma no conoce edad.

2 comentarios:

  1. Muchas cosas... Me gusta la forma simple en la que intentas ver la vida (sin maquillaje, sin los mejores vestidos). Qué mal que te vas, ojalá vuelvas pronto para hacer otra cosa. Eso de "el alma no empaca ropa" está muy bueno. A veces vamos de un lado a otro, de un grupo a otro, pero siempre hay algo, por pequeño que parezca, que se mantiene intacto...
    Un abrazo.

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  2. :) un gusto conocerte Topo!! Sii tenemos que hacer algo cuando vuelva... algo loco, algo simple, algo que se mantenga intacto en la memoria por mucho tiempo.

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